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viernes, 21 de noviembre de 2014

¡Quítale el paliacate!



Marcha global por Ayotzinapa, México D.F. a 20 de Noviembre de 2014


¡Quítale el paliacate!
Y se hizo presente la Fuerza Pública

Héctor Ramos

Un reducido grupo de encapuchados – conté menos de 100 – fueron los que lanzaron cohetones, petardos y bombas molotov a las puertas de Palacio Nacional, rijosos que desde antes de las 19:00 horas ya se encontraban montados sobre las vallas que protegían al recinto.
“¡Esto no es violencia, es acción directa y resistencia!”, gritaba una joven de no más de 20 años que con la cara a medio cubrir aplaudía a sus compañeros, individuos que con absoluta libertad prendían y lanzaban proyectiles a los custodios de la ya quemada puerta.
Mientras tanto, del megáfono que estaba a unos metros del asta bandera, las voces de los activistas advertían una y otra vez que en la marcha habían infiltrados y elementos del Estado Mayor Presidencial vestidos de civil.
“Esto es una marcha pacífica. No caigan en provocaciones, si ves encapuchados haciendo desmanes, quítate de ahí para que los puedan identificar, recomendaba el altavoz y agregó: ¡Encapuchados, tengan huevos y den la cara! ¡Compañeros! No a la violencia, no le demos pretextos al Estado, recordemos que ellos son especialistas en reprimir”.
Los minutos corrían mientras el aire era surcado por proyectiles incendiarios, misiles lanzados al tiempo en que se cantaba “A tomar, a tomar Palacio Nacional”. Lo destacable es que el grupo de personas que se encontraban sobre las vallas de protección, se hacía más numeroso porque junto con los revoltosos estaban las cámaras fotográficas y de video que atestiguaban cada detalle de lo que acontecía, es decir, quienes auténticamente se iban a manifestar, se encontraban a varios metros de la zona de conflicto.

Bajo sospecha
Cualquiera podía ser un infiltrado, desde los autodenominados anarquistas que cubren su rostro, hasta bélicas mujeres cuyas edades no rebasan los 25 años, de todos modos, era poco complicado identificarlos, ya que son ellos quienes cometen los actos vandálicos o son los que exhortan a la barbarie.
A pesar del intento por contagiar la violencia, peso la razón y los activistas se mantenían en su discurso, hecho que fue atestiguado por más de una lente. Aproximadamente a las 20 horas con 40 minutos, el grupo de granaderos que custodiaba Palacio Nacional, incrementó el número de elementos y avanzó contra toda persona que había sobre la plancha.
En ese momento, una multitud corrió en dirección a Francisco I Madero, así como a las calles paralelas, razón por la que el número de manifestantes se redujo significativamente, quienes se quedaban gritaban: “¡No corran! ¡No corran! ¡Somos más! ¡Somos más! ¡El pueblo unido jamás será vencido!”
Mientras tanto, en las afueras del Palacio Nacional, los infiltrados seguían lanzando proyectiles y a su vez, el cuerpo de granaderos continuaba siendo alimentado con elementos que ingresaban por las calles de Seminario y Pino Suárez.
La vasta cantidad de uniformados parecería ser suficiente para encapsular a los encapuchados, sin embargo los elementos de seguridad se alinearon con escudo en disposición de ofensiva para retirar a cuanto manifestante encontrara a su paso.
Los activistas que estaban sobre la Plaza de la Constitución, los que levantaron la voz con el derecho que ampara la Constitución, fueron perseguidos como delincuentes, esto sin importar que entre los manifestantes habían niños, mujeres y adultos mayores.
Aunque uno fuera un transeúnte, era casi imposible permanecer en la plancha del Zócalo, pues fue inundada por granaderos que a punta de escudo exhortaban a los manifestantes a retirarse de ahí.

La lectura
Tras recorrer Francisco I Madero y llegar a Eje Central Lázaro Cárdenas, después de ver un cajero violentado y a cuatro personas heridas en el suelo, el recuento de ideas se hizo presente.
Los grupos que causan desmanes mientras el ciudadano exige sus derechos han existido desde siempre  - se recordará que este fue uno de los motivos por los que los hermanos Flores Magón entraron y salieron de Lecumberri – asimismo, ha sucedido cada 2 de Octubre y ocurre cada vez que hay conflictos en la Rectoría de la UNAM.
Con tecnología y en tiempo real, quienes cometen los actos vandálicos son cada vez más fáciles de identificar, ya que para eso infiltran elementos del Estado Mayor a las turbas. Al menos en esta ocasión eran totalmente visibles los que lanzaban proyectiles contra Palacio Nacional, algo similar a lo ocurrido con el presunto infiltrado que incendió la puerta de este recinto.
De acuerdo con la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Distrito Federal, el saldo fue solamente de 31 personas detenidas, 31 personas en comparación con los miles de manifestantes, 31 personas por las que se puso en riesgo la integridad de activistas que ejercían su derecho a manifestarse, 31 personas que pudieron haber sido capturadas en el momento en el que flagrantes cometían los actos vandálicos.
De acuerdo con el Presidente Enrique Peña Nieto, “Hay una actitud de diálogo, acercamiento y apertura”. En relación a este “acercamiento” ¿Quedará excluida la capacidad para diferenciar rijosos de activistas? ¿Se evidenciará la incapacidad para detener a individuos que cometen actos vandálicos?
Se dice esto porque son estos individuos los que actúan con violencia, los que arremeten contra establecimientos comerciales, los que ponen en riesgo la integridad de terceros.
De ser así, la advertencia de que el Estado está legítimamente facultado para usar la fuerza “cuando se ha agotado cualquier otro mecanismo para restablecer el orden”, está muy próxima a cumplirse, pues así fue como sucedió esta noche en la plancha del Zócalo capitalino en la que la Fuerza Pública se hizo presente.

Alguien grito: ¡quítale el paliacate! ¡quítale el paliacate!

Habrá que quitar ese paliacate para evitar que se evapore el legítimo reclamo por los 43 normalistas desaparecidos. Para no permitir que ese lamentable evento se diluya en historia de México al igual que las sangrientas páginas de las víctimas del narcotráfico, las de Acteal y Aguas Blancas, los feminicidios, Tlatelolco 68 y cualquier evento en el que impunemente se ha derramado sangre mexicana.