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viernes, 28 de septiembre de 2012

Asesinos con licencia



Las 12,000 empresas de seguridad privada que existen en México son el sector que más ganancias obtuvo con la guerra al crimen organizado porque los delitos de alto impacto social crecieron al menos 300% durante los últimos seis meses, lo que reportó que estos servicios triplicaran sus costes.

“La percepción de terror e inseguridad generó que los contratos a las empresas de seguridad privadas se multiplicaran exponencialmente  y se aseguran altas canonjías a este sector que logró disminuir  permisos de operación e incluso se les permitió la portación de armas de fuego”, dijo Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista.
Así, existen múltiples arbitrariedades por parte de guardias de seguridad privados que suelen detener ilegalmente a posibles infractores y amagar al público en general con licencias para “detener” a los ciudadanos,  vejarlos e incluso herirlos.
“En las sociedades donde impera el hampa y se les da carta libre a las empresas de seguridad privada, se acepta de facto la violación a los derechos humanos y el que personas sin preparación ni ética gobiernen empresas, colonias, centros comerciales, de espectáculos y salas de arte”, dice Manrique.
El Rector asevera que en estas compañías de seguridad privada, el 97% del personal proviene de policías dados de baja en sus corporaciones por malas prácticas, pero también  elementos del ejército desechados e incluso delincuentes comunes.
“El problema es tan grande como el rápido crecimiento de estas compañías que ahora exigen que las policías estatales no realicen servicios de seguridad privada para tener una tajada de mercado más grande. De aceptarse esto los gobiernos cederían totalmente su control en áreas claves como la seguridad”, manifestó Manrqiue.
Para ejemplificar lo dicho, el Rector mencionó las detenciones ilegales que realizan los servicios de seguridad en los centros comerciales de la Ciudad de México donde detienen ilegalmente  a involucrados en robo hormiga por varias horas,  las llamadas “cerrazones” a quienes al conducir no ceden el paso a sus vehículos,  intimidaciones y golpes a quienes osan mirarlos “feo” en centros de espectáculos o deportivos e incluso a propinar golpiza a quienes consideran “necesario”.
Uno de los últimos casos de los “guaruras con licencia para matar” ocurrió en Tlalnepantla, Estado de México, donde “al menos diez guardias de seguridad privada tiraron a patadas a un joven por tratar de ingresar a un lienzo charro con aliento alcohólico. Lo golpearon hasta dejarlo inconsciente”, relata el jurista.
Para Manrique, es necesario regular las empresas de seguridad privada, vigilar estrictamente los permisos para actuar y el personal con el que cuentan estas compañías además de eliminar las autorizaciones para portar armas.

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